Llevo desde finales del 2006, principios del 2007 intentando prepararme para este momento. No sé si estoy preparado, y quizás…»»»


Llevo desde finales del 2006, principios del 2007 intentando prepararme para este momento. No sé si estoy preparado, y quizás mis esfuerzos sólo me sirvan para recibir el golpe menos fuerte que otros… Sí, estoy hablando de la economía española.

Debió ser a mediados del 2007 cuando un día me puse muy serio a mi mujer y le dije: “Olga, tengo que avisarte que va a llegar una crisis muy gorda. Primero la notarán los inmigrantes, luego los que trabajan en precario y, finalmente, todos los demás. Tenemos que prepararnos para ese momento.

¿Qué me hizo llegar a esa conclusión? A mí siempre me pareció extraño que los precios de los pisos andaran por las nubes y que la gente dijera tan feliz “los precios de los pisos nunca bajan” y continuaran especulando. Me parecía socialmente insostenible que en una pareja, los dos trabajaran sólo para pagar una hipoteca y para comer, es decir, un sueldo para la hipoteca y otro para los gastos diarios, y que no tuvieran tiempo para ver a sus hijos más que en el fin de semana. Además, me extrañaba mucho que si la economía iba tan bien, que los sueldos perdieran poder adquisitivo año tras año. Lo siento, pero para mí, el fin no justifica los medios. Éste era, sencillamente, el reflejo de una sociedad enferma. Y el tiempo me ha dado la razón, como a otros muchos que intentaron avisar y eran insultados constantemente con el término “antipatriota“.

Pero tener la razón no sirve de nada cuando el barco se hunde. Y muy profundamente.

Ya no cabe ni el alarmismo ni el victimismo. Las medidas de los gobierno mundiales sólo han confirmado lo obvio: que existen unas élites económicas que viven a costa del resto y que sólo se protegen entre ellos. El resto tenemos, y debemos, arreglárnoslas como podamos. Si esperamos a que los que nos metieron en este lío nos van a sacar, ya podemos esperar sentados, porque nadie vendrá a salvarnos.

Hay que tener una cosa clara: todos los asuntos humanos sin excepción se arreglan meramente con la voluntad de arreglarlos. Porque es esa voluntad la que fuerza el encontrar y usar los medios necesarios. Sencillamente, nuestros llamados dirigentes nunca han tenido esa voluntad. Así de claro. A lo único que se dedican es a mantener su estatus dividiendo a la población con problemas inexistentes y absurdos. Y no sólo aquí, sinó en todo el mundo.

Propongo volver al humanismo. Propongo volver a revisar películas como “You Can’t Take It with You” de Frank Capra. Propongo volver a la cultura del esfuerzo y a la compensación del trabajo bien realizado, a la satisfacción de aprender cosas nuevas, a la inversión en investigación científica, a dar preferencia a la realización personal antes que al monetarismo, a la colaboración antes que a la competencia. Ni capitalismo salvaje ni comunismo sin sentido, ambos dictaduras. A la comprensión profunda de que pertenecemos a la humanidad y que nuestras acciones repercuten en otras personas. A la auténtica participación de todos sin exclusiones en el bien común. Es decir, propongo un cambio de chip, aunque sea gradual, pero cambio de chip. Porque si no cambiamos de chip ahora, las cosas sólo pueden continuar en el mismo sentido: mal.

No pretendo hacer un discurso ni saber más que otros. Sólo propongo mirar a nuestro alrededor y preguntarnos: ¿qué podría hacer yo y que esté en mi mano para colaborar para reflotar este barco antes de que sea demasiado tarde? Y esperar que en realidad ya no sea demasiado tarde…

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Sobre

Sorprendido y curioso por la vida humana; admiro a los creadores, inventores, los que abren nuevos caminos e intento también poner mi granito de arena. Comencé Crónicas Subterráneas en 2007, y aquí sigo al pie del cañón gracias a sus lectores. Además, escribo libros, hago vídeos, dibujo, fotografío, diseño camisetas, y todo lo que se me ocurra de forma creativa.





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