Casi el 100% de los países existentes tienen su existencia, desde sus orígenes, bañada en la sangre provocada por la violencia: son países de sangre.


En 2006 estrenaron una película llamada “Diamante de Sangre” en la que se mostraba que los diamantes procedentes de lugares en conflicto estaban manchados con la sangre de la violencia infringida para su control. Por supuesto, no puedo demostrar si esta película estaba financiada por las empresas de diamantes competidoras de las denunciadas, pero podría ser.

El caso es que si aplicamos la misma deducción sobre los países que conforman este entramado de fronteras en las que vivimos, no creo equivocarme al afirmar que el 99% de ellos, dejo el típico 1% de la duda, tiene su existencia, desde sus orígenes, bañada en la sangre provocada por la violencia: entonces, son países de sangre.

Los países están llenos de héroes, venerados en fiestas nacionales, cuyo único hecho extraordinario fue asesinar más que el bando contrario para llevar sus objetivos a cabo. La historia, escrita siempre por los vencedores, está llena de pasajes de asesinatos en masa y violencia de todo tipo y condición.

El lenguaje gubernamental  está plagado de una doble moral: los asesinos adictos al régimen son exaltados como ejemplos, los asesinos contrarios al régimen son meros terroristas a exterminar. Que las acciones y resultados de ambos fueran iguales, no importa en absoluto.

Así llegamos al presente. Este presente configurado a su antojo por una élite de unos pocos miles a los que la vida de los demás les importa bien poco. Y a los que el patriotismo que profesan en sus apariciones públicas es mero teatro para tener ocupada a la población. Me imagino como en sus reuniones periódicas hacen demostraciones orgullosas de cómo mantienen a sus poblaciones bajo su yugo, y se intercambian conocimientos y experiencias al respecto.

Los países o estados que conforman el mundo fueron diseñados con tiralíneas arbitrarias. Las excusas de los idiomas, cultura y territorios sólo sirven para tenernos divididos por nimiedades. El único objetivo de estos señores del mundo es conservar su poder por cualquier medio. Y en este pasado siglo XX esos medios se sofisticaron tanto que aumentaron de manera exponencial.

Si durante siglos la diferencia armamentística entre el poder y su oposición no era demasiado grande, y mediante revueltas y revoluciones se podía quitar uno para ponerse el otro, esta igualdad desapareció en el momento que las armas alcanzaron su nivel de destrucción total. Y esas armas de destrucción total están ahora sólo en poder del poder, valga la redundancia.

Cierto es que la inteligencia del poder también ha perfeccionado sus herramientas de control pasivas: se pueden comprobar, por ejemplo, viendo como, en los países llamados avanzados, la población va ella misma a pagar sus impuestos, ahorrando al el poder los antiguos métodos coarcitivos de violencia directa. Ahora esos métodos coarcitivos son tan sutiles que la mayoría de la población está convencida de que están ayudando al colectivo.

Sin embargo, la violencia en contra de la masa sigue existiendo, sea sutil o no. Quizás en los países llamados en desarrollo el poder envía los tanques para expropiar las tierras o en los llamados avanzados se use el impago de un crédito, pero el resultado es el mismo: el robo al propietario legítimo cuando al poder le viene en gana.

Puede que en ciertos países envíen el ejército directamente a eliminar a los manifestantes opositores, o en otros bombardeen con mentiras y desprestigio a través de los medios de comunicación, pero el resultado es el mismo: la destrucción de la oposición auténtica al régimen.

Como vemos, la diferencia entre los llamados países en desarrollo y los llamados países avanzados es que en los avanzados la población ya está anestesiada y aborregada, y en cambio, en los en desarrollo todavía están en el proceso, el cual suele tardar una o dos generaciones. Por ello nos encontramos tantas noticias haciendo ver lo positivo de que los niños vayan al colegio: el principal instrumento de programación de generaciones enteras que son separadas mentalmente de sus ancestros.

Y así, desde sus orígenes hasta el momento actual de conservación del estatus, los países existen solamente gracias a la violencia, sea física o mental, ejercida por una élite sobre la mayoría de la población. La diferencia con el pasado es que ahora hablamos con perspectiva global. Pero nada ha cambiado, los países fueron creados derramando sangre y prosiguen del mismo modo.

Me temo que la única manera de alterar el curso de la historia sea que la mayoría de la población mundial tome consciencia de esta realidad, y se niegue a ser un peón en manos de sus dueños, que se niegue a manejar las armas en contra de sus propios congéneres. Porque sin violencia, los países caerán como el dominó, y esa élite pasará a ser una tribu del pasado, porque, esta vez, no serían ellos los que escribieran la historia.

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Sobre

Sorprendido y curioso por la vida humana; admiro a los creadores, inventores, los que abren nuevos caminos e intento también poner mi granito de arena. Comencé Crónicas Subterráneas en 2007, y aquí sigo al pie del cañón gracias a sus lectores. Además, escribo libros, hago vídeos, dibujo, fotografío, diseño camisetas, y todo lo que se me ocurra de forma creativa.




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