Cuando Occidente llama a esto una “larga guerra”, lo dice en serio. Y será aún más larga hasta que la gente de Occidente no se dé cuenta de que sus gobiernos no están librando una “guerra contra el terror”, sino que están librando una “guerra del terror”.


Por Tony Cantalucci.

A raíz de los atentados de París, Occidente ha tratado de aprovechar lo que esperaba sería una voluntad pública renovada para expandir la guerra en el extranjero. Con este fin, los EE.UU. y Turquía han anunciado una operación que afirma asegurará los últimos 98 kilómetros de la frontera turco-siria, un área más o menos entre la orilla oeste del río Éufrates cerca Jarabulus hacia Afrin y Ad Dana más al oeste.

Reenvasando la “zona segura” de la OTAN de 2012

Quienes están familiarizados con el conflicto sirio reconocerán esta sección de la frontera sirio-turca como precisamente las fronteras de la tan buscada “zona de seguridad” que los EE.UU., la OTAN y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) han intentado establecer desde tan temprano como 2012. Los ataques de París, y varios incidentes fronterizos menores de los que se informó recientemente, parecen ser sólo los últimos de una larga serie de provocaciones citadas que este eje ha intentado utilizar para poner en práctica sus planes preconcebidos.

Esta región entre Jarabulus y Afrin constituye el corredor principal a través del cual la suma de Al Nusra, frente de Al Qaeda, y el llamado “Estado Islámico” o ISIS, reciben armas, suministros y combatientes frescos. A través de los esfuerzos coordinados entre los kurdos de Siria y el propio gobierno sirio, el resto de la frontera norte de Siria con Turquía ha sido sellado. Como este proceso ha avanzado, la desesperación del eje liderado por los occidentales ha aumentado proporcionalmente para buscar un cambio de régimen en Damasco.

Se aproxima el Fin del Juego

En realidad, independientemente de los tópicos repetitivos de Occidente con respecto a su determinación de “luchar contra ISIS“, sus acciones y las acciones de sus aliados regionales han ilustrado plenamente el deseo de preservar al grupo terrorista. Su fingida “guerra contra ISIS” ayudó a abrir la puerta a la reciente intervención militar rusa. Con la entrada de Rusia en la guerra, Occidente ya no puede permitirse el lujo de seguir arrastrando sus operaciones inexistentes contra ISIS, esperando una oportunidad para finalmente dividir y destruir el país.

Rusia y el Ejército Árabe de Siria, al que está proporcionando apoyo aéreo, casi han cerrado el corredor Jarabulus-Afrin por sí mismos. De hecho, la semana antes de los atentados de París las tropas sirias había establecido un pasillo a la base aérea sitiada de Kweires, a sólo 40 kilómetros del Eufrates. Desde entonces, el ejército sirio ha ampliado su control en torno a la zona de los alrededores. Si llegara al Éufrates, junto con la toma de Alepo y moviéndose al noreste de Latakia, en el oeste, Siria llenará el vacío que la OTAN ha buscado durante mucho tiempo para establecer su “zona de seguridad“.

En otras palabras, hay una carrera entre la OTAN para implementar una ocupación parcial de Siria, y Siria y sus aliados para llenar el vacío antes que esto suceda, y la carrera se está casi terminando.

La pregunta no preguntada

Los ataques de París se llevaron a cabo con la sincronización casual con la víspera de las conversaciones de Viena, y mientras Siria y sus aliados se acercaron a las fronteras que la OTAN desean desesperadamente como “zona de seguridad“. Los ataques dieron a Occidente una mano fuerte para entrar en la conversación de Viena y, sin duda, ayudan a justificar la expansión de las operaciones de Estados Unidos y de Turquía en el norte de Siria.

Y mientras que las sugerencias de que Occidente tenía alguna conexión con los atentados de París pueden ser apagadas como una “teoría de la conspiración” a pesar de las nuevas pruebas que revelan hasta qué punto los organismos de seguridad y policiales occidentales y franceses, y otras, sabían mucho de los atacantes antes de que atacaran, el hecho de que los EE.UU. y Turquía busquen asegurar la frontera de Turquía con Siria desde el lado sirio en lugar de desde dentro del propio territorio de la OTAN, revela la verdadera naturaleza de este conflicto que se desarrolla.

En el informe de Reuters, “Los Estados Unidos, Turquía trabajan para terminar de cerrar la frontera norte de Siria: Kerry” dice:

El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, dijo el martes que Estados Unidos está comenzando una operación con Turquía para terminar de asegurar la frontera de Siria al norte, un área que los militantes del Estado Islámico han utilizado como ruta de contrabando lucrativo.

Reuters también afirma (el énfasis es nuestro):

La zona en la que las operaciones tendrían lugar está ahora controlada por los islamistas radicales. Los Estados Unidos y Turquía esperan que barriendo al Estado Islámico, también llamado frecuentemente Daesh, desde esa zona fronteriza puedan privarle de una ruta de contrabando que ha permitido hincharse a sus filas con combatientes extranjeros y a sus arcas impulsadas por el comercio ilícito.

Bajo el plan estadounidense-turco conjunto, discutido largamente, los rebeldes sirios moderados, entrenados por el ejército de Estados Unidos, se espera que luchen contra el Estado Islámico en el terreno y ayuden a coordinar los ataques aéreos de la coalición estadounidense, lanzado desde bases aéreas turcas, en virtud de la estrategia elaborada por Washington y Ankara.

Diplomáticos familiarizados con los planes han dicho que cortando una de las cuerdas de salvamento del Estado Islámico podría ser un cambio de juego en ese rincón de la compleja guerra de Siria. El núcleo de los rebeldes, que suman menos de 60, sería altamente equipado y capaz de pedir apoyo aéreo cuando sea necesario, dicen.

¿De dónde proceden las “Líneas de vida del Estado Islámico“? La pregunta nunca se responde por completo en el informe de Reuters, ni en los comentarios de Kerry, ni en ninguna declaración hecha por los políticos occidentales, legisladores, o los expertos desde que comenzó el conflicto sirio en 2011. La respuesta es obvia, sin embargo. Las “Líneas de vida del Estado Islámico” proceden de Turquía, adentrándose en Siria. Buscando en cualquier mapa del conflicto se muestra claramente que no es de ninguna manera una “guerra civil”, sino más bien una invasión desde territorio de la OTAN.

Detener a ISIS en su fuente, Turquía, el Golfo Pérsico, y a la OTAN misma

Todos los atacantes de París, del mismo modo, pasaron por Turquía para entrenarse, armarse, y luchar en Siria, y luego a través de Turquía de nuevo en su camino de regreso a Europa. Las toneladas de armas y cientos de combatientes enviados en secreto a Siria por los EE.UU. hacia la capital terrorista libia de Bengasi también llegaron por primera vez a los puertos turcos antes de proceder, al parecer, con el conocimiento y la cooperación del Gobierno turco.

Esto significa que, para cortar las cuerdas de salvamento de ISIS, uno debe comenzar en la propia Turquía, donde toneladas de armas, suministros y miles de combatientes se organizan, se forman, y pasan por su camino a Siria. Para Rusia, Siria, e Irán, tratar de interceptar estas líneas de suministro dentro del territorio de la OTAN sería considerado un acto de guerra. Pero que la propia OTAN falle en la intercepción de estas líneas de suministro, desde los años que este conflicto comenzó, es una campaña intencionada y concertada de terrorismo de Estado.

Asimismo se puede argumentar que, además de Turquía, y en menor medida Jordania al sur de Siria, las dictaduras del Golfo Pérsico de Arabia Saudí y Qatar también constituyen la “fuente” de ISIS y de otros grupos terroristas que libran la guerra dentro de Siria. En lugar de presionar a estos regímenes, o colocar sanciones sobre ellos, y mucho menos llevar a cabo operaciones militares dentro de sus fronteras para detener la ola de dinero en efectivo y armas que fluye a ISIS y a otros grupos terroristas en Siria e Irak, Occidente, incluyendo a Estados Unidos y la propia Francia, han firmado acuerdos de armas lucrativos de miles de millones de dólares.

Para Arabia Saudí, que ha recibido las municiones de EE.UU. para continuar su poco pública guerra en Yemen, en el que sus soldados están luchando junto a combatientes de Al Qaeda e ISIS, que parecen estar al servicio de la función como auxiliares, manteniendo territorio limpiado por las muy mecanizadas tropas saudíes y de los Emiratos Árabes Unidos.

Combatir a ISIS en su origen significa para Occidente poner la hoja en su propia garganta. Está claro que es responsable de la subida y la perpetuación de este grupo terrorista, no a través de las meras consecuencias de sus acciones, sino a través de un esfuerzo intencional, concertado para crear un ejército proxy formidable con el que librar sus guerras en el Medio Oriente y África del Norte.

Si los occidentales se preguntan por qué, a pesar de los ataques en suelo occidental, y las supuestas campañas militares enfocadas en estas provocaciones para la erradicación de ISIS, la organización terrorista no sólo sobrevive, sino que prospera, la respuesta es que Occidente no tiene intención de erradicarla.

ISIS no sólo está destinado a dividir y destruir a Siria e Irak. Si Occidente se sale con la suya, la organización terrorista está destinada a entrar en Irán, luego en la región del Cáucaso del sur de Rusia y Asia Central. Es un ejército proxy construido sobre lo que los Estados Unidos y Arabia Saudí llevaron a cabo con Al Qaeda a partir de la década de 1980, que a su vez no era más que una continuación de la utilización por el Imperio Británico de fanáticos Wahabbi para derrocar a sus rivales otomanos hace más de un siglo.

Cuando Occidente llama a esto una “larga guerra“, lo dice en serio. Y será aún más larga hasta que la gente de Occidente no se dé cuenta de que sus gobiernos no están librando una “guerra contra el terror“, sino que están librando una “guerra de terror“.

Tony Cartalucci, basado en Bangkok es un investigador de geopolítica y escritor, sobre todo para la revista online “Nueva Perspectiva de Oriente“.

Traducido del inglés: http://journal-neo.org/2015/11/24/why-the-west-won-t-hit-isis-where-it-hurts/

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